El pasado domingo 10 de julio fue una fiesta para la Ciudad de Buenos Aires. Una fiesta porque, una vez más, se llevaron a cabo los comicios para Jefe de Gobierno de la Ciudad (quinta vez desde 1996), lo cual merece ser celebrado como fiel reflejo democrático de nuestra sociedad.
Según cifras oficiales, eran 3.133.303 los electores hábiles para realizar el sufragio; sin embargo, sólo 2.482.868 (79%) se presentaron para efectuar su voto. Hubo 2.142 votos recurridos o impugnados, 14.771 votos nulos, 22.543 votos en blanco y 1.762.833 votos positivos. Y hete aquí el punto a profundizar.
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| Foto: Cedoc / Perfil.com |
La fórmula de Mauricio Macri y Ma. Eugenia Vidal se impuso sobre sus oponentes con el 47,08% de los votos. Exactamente 830.016 personas eligieron por la continuidad de la gestión del PRO, con casi un 20% de diferencia sobre Daniel Filmus y Carlos Tomada, los cuales fueron votados por 489.760 personas (27.78% del electorado).
Pero con el diario del lunes, es crucial analizar las repercusiones que estos resultados han generado tanto a nivel político (local y nacional), como a nivel cultural y mediático.
No es posible pasar por alto el distanciamiento de la Presidente Cristina F. de Kirchner de su candidato, para no adjudicarse la derrota. Sin embargo, a la altura de las circunstancias, sería difícil no asociar este resultado a la cabeza del kirchnerismo nacional. De hecho, según diversas encuestas realizadas, el voto “no positivo” a Filmus se debió en gran medida a la abstención de un poder hegemónico del kirchnerismo más que a una negativa ideológica. Tampoco es posible obviar la reciente publicación del artista Fito Paez, quien en su columna en la contratapa del diario Página/12 indica que le da “asco la mitad de Buenos Aires” porque “a la gente le gusta divertirse”.
En el otro extremo están, por supuesto, los fanáticos de Macri, simpatizantes del PRO y militantes del partido que, a diferencia de lo esperado, no adoptaron una postura de burla o deslegitimación (similar a los hinchas de Boca Juniors con el descenso de River Plate), más allá de los resultados empíricos. El centro de campaña de la Alianza Propuesta Republicana [el término búnker (del alemán Bunker) tiene una connotación demasiado bélica para la cuestión] fue una fiesta el domingo por la noche. Transmitido por todos los canales de noticias, Macri hizo su tradicional “baile a modo Gilda” el cual lo ayudó a bajar a tierra y ser parte del populismo porteño.
Pero lo interesante se encuentra en el centro de la cuestión. Aquellos que no votaron a Macri ni a Filmus, que no simpatizan con el PRO ni con el Gobierno Nacional, pero que tampoco toleran que se los agreda como habitantes de Buenos Aires. La ciudadanía -y por sobre todo la juventud- está de a poco recuperando su involucramiento político, lo cual habla nada más y nada menos que de un enriquecimiento de la sociedad, y que se puede ver reflejado en notas periodísticas como la de Osvaldo Bazán -que aclara fue votante de Pino Solanas- en donde siente compasión por Fito Paez, no por estar en contra de Macri, sino porque “se le debe hacer difícil vivir en una ciudad en donde una de cada dos personas lo incita a vomitar”.
Lo aun más interesante es como Bazán expresa su preocupación, diciendo que “el tema es que a menos que la mitad de la población se mude, vamos a tener que aprender a convivir”. Y no puedo dilucidar qué nos costará más, si aprender o convivir.
Tenemos por delante una nueva campaña electoral, no solo por los sufragios presidenciales, sino por el ballotage en la Ciudad. Por suerte son sólo dos semanas. Dos semanas intensas, de inundación propagandista y de insinuación política. Pero focalicemos en elegir lo que queremos, lo que pensamos, lo que creemos mejor.
El rodaje de la Escena 2 comenzó el pasado lunes 11. Seamos realmente parte de esta película, al grito de Luz, Cámara, Acción.

