Podemos amarlo o podemos odiarlo. Podemos estar de acuerdo o no con sus políticas y su forma de encarar los asuntos nacionales. Pero de lo que no hay dudas, es de la capacidad de Mauricio Macri para volver a insertar a la Argentina en el mundo.
Acaba de terminar, después de 12 meses de mucho trabajo y 2 días de euforia y exposición, el Encuentro de Líderes del G20 realizado en Buenos Aires. Los dirigentes más importantes del mundo se concentraron en esta ciudad; Jefes de Estado, cabezas de organismos internacionales, representantes de entes multilaterales.
Pero por sobre todo, además de encontrarse en el Centro de Convenciones y sala plenaria para las discusiones planteadas para el Grupo de los 20, desfilaron uno tras otro por los despachos presidenciales de Olivos, Casa Rosada y (ad hoc en) el Centro Costa Salguero para reuniones bilaterales con el Presidente argentino. Algo similar sucedió a principios de este año en Davos, en el marco del Foro Económico Mundial, donde personalidades de todo tipo (Justin Trudeau, Bill Gates y Tony Blair, entre otros) se acercaron a nuestra “Casa Argentina” para saludar al local Presidente Macri y su comitiva.
Ha habido -y seguirá habiendo- críticas a las fallas de Ceremonial y Protocolo; a los operativos de seguridad (que afectaron a no más que el porteño 7% de la población nacional -o menos, considerando que solamente se desplegaron en los barrios de Núñez, Belgrano, Palermo, Recoleta, Retiro, San Nicolás y Monserrat); al corte de luz en el CCK durante el Seminario del Banco Mundial; o al mal funcionamiento del WiFi en el Centro Internacional de Medios en Parque Norte.
Pero nada de esto pudo opacar la realización de una Cumbre sin precedentes llevada a cabo con manifestaciones -pero pacíficas y sin disturbios (en comparación a lo ocurrido en Hamburgo, Alemania, en 2017) y en la cual finalmente se alcanzó un Communiqué (disponible aquí, en inglés) consensuado entre todos los participantes.
Ha sido “a lo argentino”. Pero al fin y al cabo, son esos fuera de protocolo los que le dan nuestro toque especial. El acontecimiento en el Teatro Colón (teniendo en cuenta que la sede ya es un espectáculo en sí mismo) estuvo lejos de ser una tradicional Gala, y participó del mismo gran parte del establishment nacional -entre empresarios, políticos, jueces, deportistas y exPresidentes. Pero el gran remate fueron los aplausos de Angela Merkel y la Reina Máxima al compás de los improvisados cantos de ¡Argentina! ¡Argentina! que generaron la emoción de Mauricio Macri y el consuelo de la Primera Dama Juliana Awada.
No hay mucho más que decir. La Unidad G20 en contenido liderada por el Sherpa Emb. Pedro Villagra Delgado (y por la Ph.D. Laura Jaitman en el track finanzas),y la Unidad Técnica G20 inicializada por Natalia Zang y la cual terminó a cargo del destacado multiuso Hernán Lombardi, han demostrado junto a los equipos de Casa Rosada, Cancillería, y todos los ministerios involucrados, que cuando estamos juntos podemos.
Cada uno de los Jefes de Estado trajo consigo a Buenos Aires delegaciones de empresarios y comitivas de inversión que han firmado acuerdos marco no sólo para el Estado Argentino, sino para muchas Compañías. Y no debemos desaprovechar esta “nueva” oportunidad.
Al sector privado: demos ese primer paso en firme para demostrar a los extranjeros que confiamos en nuestro país y que, por sobre los grandes altibajos, sabemos de la solidez y de lo que la Argentina tiene para dar.
Al liderazgo político: hemos demostrado empíricamente que estamos a la altura del Primer Mundo al haber recibido a las casi 40 delegaciones participantes. ¡Pero no nos la creamos! Continuemos con la frente en alto pero con la humildad suficiente para establecer los acuerdos nacionales que nos llevarán al éxito común.

